Palabras de P. José Ahumada

Palabras de P. José Ahumada

Palabras de P. José Ahumada

Esta mañana recibí la triste noticia del fallecimiento del P. Felipe Devlin en Holy Cross House. Felipe fue al mismo tiempo profesor de inglés, entrenador de atletismo, y director de Estudios en Saint George hasta la intervención militar en 1973, cuando yo estaba estudiando mis últimos años de Secundaria. Siempre admiré su estilo campesino, directo en sus comentarios, enemigo de la mediocridad, interesado en entender la realidad social, dedicando largas horas a leer y escribir sus análisis de coyuntura social. Luego del golpe militar en Chile, Felipe comenzó una granja colectiva en los terrenos de Saint George en donde dio trabajo a personas cesantes, despedidas por sus ideas políticas. Le tocó tener que esconder a personas buscadas por la policía militar, Dirección Inteligencia Militar; esto le significó ser expulsado de Chile en noviembre 1975.

En 1976, junto a P. Daniel Panchot atestiguan en el Congreso de los Estados Unidos de las violaciones a los Derechos Humanos en Chile, lo que en parte llevó a la prohibición de los Estados Unidos de dar apoyo militar al Gobierno de General Pinochet.

Felipe quiso regresar a América Latina, y llegó al Perú en donde fundó en 1977 el Colegio Fe y Alegría 25. Fue su primer Director y trabajó con gran entrega para dar una educación de calidad a los niños y jóvenes de familias de escasos recursos en San Juan de Lurigancho. Felipe era un educador innato y su sueño siempre fue por una educación que integrara la mente, el corazón y las manos a ejemplo de Beato Basilio Moreau. Creyó en la Educación Técnica y formo el CETPRO en Fe y Alegría 25, que hoy sigue dando ramos técnicos a los alumnos de Fe y Alegría.

Fue un buen religioso, un hombre de Dios, pero siempre aterrizado a la tierra y la realidad social. Un hombre humilde, siempre ávido por aprender, y pasaba horas leyendo a veces un libro por noche.

Que el celo por la misión de P. Felipe Devlin nos mostró con su propia vida, inspire nuestro propio trabajo. Que Dios siga acompañando a cada uno de ustedes.

P. José Ahumada, csc